Tienda

Este es el blog de L'Art en Birra, una tienda de cerveza artesana, materiales y equipo para elaboración casera.
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viernes, 22 de mayo de 2015

Presentación y degustación de cervezas canadienses: De Barcelona a Canadá en cinco birras

El pasado miércoles 20 de mayo, aprovechando que cerrábamos la tienda por ser la Festa Major de Sant Boi, e invitados por Saperem, uno de nuestros distribuidores, asistimos a una degustación de cervezas canadienses que organizaban Gourpass y el Consulado de Canadá en Barcelona.

El evento se celebró en la Galería H10, en pleno centro de la ciudad condal, y se alargó un poquito más de lo programado gracias a la amabilidad y el buen hacer de los anfitriones. Estos anfitriones eran la delegación comercial de Canadá en España y el importador de las marcas presentadas, Gourpass, ya mencionados previamente. Entre los asistentes nos encontrábamos varios minoristas del sector y distribuidores mayoristas, así como algunos conocidos blogeros y amantes de la buena cerveza.


Para empezar a calentar el ambiente, Eric, uno de los delegados comerciales del consulado, nos puso en antecedentes sobre la tradición cervecera canadiense, distinguiendo las peculiaridades en estilos que marcan las distintas regiones de ese enorme país, y la idiosincrasia de los elaboradores canadienses que, en su opinión, marcaba una profunda diferencia con los de otros países. A continuación uno de los socios de Gourpass, nos explicó un poco sobre la historia de la empresa, enfatizando las razones por las que habían decidido importar este tipo de producto desde un país tan lejano como Canadá.




Y por fin llegó la birra


Empezamos la degustación con una cerveza de fermentación espontánea. He de decir que no soy especialmente entusiasta de este tipo de cervezas fermentadas con levas salvajes (propagadas de forma controlada; no existe ninguna empresa que pueda vender un producto fermentado espontáneamente bajo los férreos controles sanitarios necesarios para ello) ni del toque asidrado del Brettanomices. Sin embargo esta Dulcis Succubus de Le Trou du Diable, me pareció muy equilibrada y fácil de beber, con una acidez muy marcada en nariz, pero prácticamente ausente en boca. Igual tiene algo que ver con eso los seis meses de maduración en barrica, o puede que no, pero la encontré muy apetecible y de trago largo.


 


La segunda cerveza que pudimos disfrutar fue una Extra Special Bitter de Centeno, de la Brasserie Dun Ham. Ambarina, ahumada y con un amargor seco y poco persistente, se trata de una cerveza muy equilibrada, que nos recuerda que antes de la fiebre de las IPAs el lúpulo también se utilizaba con cierta liberalidad. Me pareció una buena cerveza, muy honesta y con ese toque peculiar del centeno que empieza a estar tan de moda entre los cerveceros locales.


Con la tercera de las protagonistas de la noche se abrió el cielo para mí. Una Imperial Porter envejecida en barrica de ron de roble (la barrica, no el ron)... Recordad este nombre: Obsidian Imperial Porter, de Cameron's. Negra, densa, con una espuma cremosa y rica, pero que dejé calentar de forma deliberada para poder disfrutar de todo el aroma y el sabor del café que aportaba. Gran cerveza que, por si sola, hubiese bastado para disponerme en favor de las cervezas canadienses por lo que restaba de la velada... Si hubiese hecho falta, vamos, que va a ser que no.

 

La cuarta cerveza que vino a sorprendernos todavía más fue la Dominus Vobiscum Lupulus, de Microbrasserie Charlevoix. He de pedir perdón por la horrible foto de la etiqueta... En la pantalla del movil parecía enfocada. Se trata de una Strong Ale de estilo belga, lupulizada y refrescante. Una cerveza bastante compleja y llena de matices, aunque tras catar la Obsidian la encontré un poco suave en comparación. Es el problema con las cervezas negras y densas, que después, al compararlas, muchas palidecen por contraste.


Llegados a este punto nos presentaron unas deliciosas tablas de quesos, ideales para ayudar a asentar el estómago (os recuerdo que se trataba de una degustación, no de una cata... Y pocas copas quedaron con algún resto de cerveza al acabar el evento). Aprovechando la coyuntura y que las cervezas previamente servidas se habían atemperado un poco, me dediqué a revisitar lo que me quedaba en las copas, comprobando que tal combinaban con los quesitos... Me sorprendió mucho la complejidad de sabores que desarrolló la Dulcis Succubus al ganar temperatura. Pero con la que me deleité fue sin duda con la Obsidian, cometiendo la herejía de maridarla con el queso azul y dejando que se me escapase una lagrimilla de placer.


El punto álgido de la velada nos llegó con la City and Colour Imperial Maple Wheat de Flying Monkeys. Se trata de una cerveza de trigo y jarabe de arce, de alto octanaje y con un sabor muy marcado y característico. Densa, oscura y muy, muy dulce, resulta un acompañamiento ideal para unos postres de los de Pecado Mortal. Personalmente la encontré algo empalagosa, aunque reconozco que mi paladar estaba muy condicionado y a estas alturas de la ingesta de alcohol regresaba una y otra vez a la Obsidian. Pero lo que realmente me sorprendió fue el coctel que realizamos al final con esta misma cerveza. Combinando la cerveza a partes iguales con un cava Brut, obtuvimos una bebida que compensaba la dulzura del jarabe de arce con la acidez del cava, creando una armonía sorprendente y muy, muy elegante.

 

El evento acabó con los asistentes felicitando a los organizadores, con algunos de nosostros aportando (o no) nuestro granito de arena para que lo tuviesen en cuenta (o no) en futuras ediciones del mismo, y disgregándonos en corrillos, comentando lo que más nos había gustado, comparando impresiones, o simplemente haciéndonos fotos, a ser posible con una chica guapa (y sí, existen esas fotos, pero no, no las vamos a publicar sin permiso)...

Desde aquí quiero agradecer a Gourpass y a la Delegación Comercial del Consulado de Canadá en Barcelona la organización del evento y la elección de las cervezas a degustar. Amplío mis agradecimientos a Saperem, por gestionar el tema de la invitación, y mando un afectuoso saludo a todos los asistentes.

Salus et Birras...

By Mikel...

lunes, 11 de mayo de 2015

#LaRonda33: La realidad cervecera de tu ciudad

Pau, del blog Lupuloadicto, nos propone un nuevo tema para La Ronda... Y vamos a participar, ¿por qué no?, dando nuestro punto de vista particular sobre el tema.

Partamos de la base de que L'Art en Birra, nuestra tienda, está ubicada en una ciudad pequeña del extrarradio de Barcelona. Es decir, que nuestra opinión va a estar determinada por dos hechos diferenciales distintivos: nuestra perspectiva como vendedores y nuestra ubicación fuera de la Gran Urbe propiamente dicha.


Una realidad incómoda


La cerveza artesana está de moda. Es un hecho. Una realidad. Incómoda. Incómoda porque, como todas las modas, tienen un fuerte componente de volubilidad que afecta negativamente al factor de crecimiento del sector.

Como moda que es, mucha gente se sube al carro de forma inconsciente, abriendo nuevas tiendas o incluyendo la cerveza artesana entre sus productos habituales de forma indiscriminada, sin comprender ni conocer el producto que venden o las necesidades de la zona en la que montan su negocio. Y lo peor de todo, es que hay distribuidores que se aprovechan de ese hecho para inundar aparadores y lineales con sus productos, ofreciendo precios muy agresivos por implantación que acaban afectando a la competencia. Como ejemplo ilustrativo, una cadena de fruterías ofrece cervezas artesanas aquí, en Sant Boi, por debajo del precio de coste al que las adquiría yo... ¿A qué precio se las ha debido dejar el distribuidor que se las sirve (que no es el mismo que me las servía a mí) para que puedan hacerlo?

Bien, ya tenemos dos factores para una ecuación bastante compleja; los que se suben al carro sin criterio y los distribuidores desaprensivos que se aprovechan de la coyuntura para hacer su agosto.

Vamos a por el tercer factor: un modelo de negocio que sobrepasa a la legislación actual. Nadie entiende que en una tienda de cerveza no se pueda al menos catar la cerveza. En una charcutería puedes catar el jamón que vas a comprar, o el queso, sin necesidad de tener licencia de Restaurante... Pero en una tienda especializada en cerveza, si quieres que la clientela pueda catar la cerveza... ¡Tienes que pedir licencia de bar (en Sant Boi al menos... y por suerte espero que eso cambie en breve)! ¡Oh, sí, puedes invitar al cliente y no cobrarle la cerveza! Pero es que no es lo mismo dar a catar un cortecito de jamón o queso que abrir una botella de 33 cl que cuesta más de dos euros de precio de coste... Y que no puedes aprovechar para que la cate más de un cliente a menos que vengan juntos... Vale, dirá alguien... Puedes poner un tirador y servir dos deditos de cerveza de barril para que caten... Asumiendo el coste del tirador y del barril a fondo perdido...

Estos tres factores influyen en que muchas de las tiendas especializadas que nacieron como tales se acaben reconvirtiendo, de forma más o menos encubierta, en cervecerías (a efectos prácticos bares con o sin licencia de bar) especializadas.

Y eso da lugar a un nuevo problema.


El vídeo mató a la estrella de la radio... O la cervecería a la cervecera artesana


Vale, igual la referencia musical es demasiado oscura para algunos de los lectores más jóvenes de este blog, pero vamos a lo que vamos y mejor nos explicamos.

La reconversión de la tienda especializada en cervecería especializada, más o menos encubierta, redunda en una drástica disminución de la oferta en cervezas... O mejor dicho, de la variedad de dicha oferta.

Porque la inversión se multiplica de golpe al tener que comprar la cerveza en barril. El barril es más caro que la caja de cervezas embotelladas, y una vez pinchado su vida útil se reduce de forma drástica. Por lo que el propietario del establecimiento se ve limitado a tener una serie de barriles en rotación por los tiradores que tenga instalados, y la elección de los barriles a pinchar se va a circunscribir a los que puede vender mejor. Y la variedad en cervezas embotelladas bajará sensiblemente, ya que en muchas ocasiones, para mantener unos costes comedidos, va a tener que aprovechar las ofertas que le va a hacer algún distribuidor, lo cual limitará su capacidad para comprar productos de otras marcas u otros distribuidores...

Y normalmente, quien se va a ver perjudicado no va a ser solo el cliente final, que va a ver como algunas de sus cervezas favoritas no las puede encontrar en su antes favorito establecimiento... Al fin y al cabo sigue teniendo a su disposición muchas cervezas cojonudas... ¿Qué más da si en lugar de trescientas referencias ahora solo tiene cien entre las que escoger? ¡Son noventa y tantas más de las que puede disfrutar en una tarde apalancado a la barra, libando el dorado (o marrón, o ambarino, o negro) néctar de cebada lupulizada y fermentada!

El mayor perjudicado en este caso es el cervecero que no trabaja con el distribuidor capaz de hacer una propuesta lo bastante interesante como para que sus productos se integren en esa disminuida oferta.

Y el propietario del establecimiento ve como clientes que antes acudían de forma periódica a satisfacer sus necesidades de cerveza artesana, espacian las visitas ya que deben buscar sus productos favoritos, que ya no tienen disponibles, en otras tiendas. Pero como su facturación mensual ha subido, y el beneficio obtenido también (la relación coste/beneficio de un barril también es mayor que con las botellas), se da por contento con el cambio.

De esta forma asistimos a una fragmentación del mercado que, en condiciones normales, debería ser beneficiosa para el sector. Hasta que alguien ve la oportunidad del negocio redondo en la cervecería especializada y monta la Mega Cervecería.


Porque Más es Mejor, ¿verdad? ¿VERDAD?


¿O puede que no?

Porque estas mega cervecerías, con decenas de tiradores de cervezas espectaculares, disponen de una gran poder de llamada. Al poco de su nacimiento se llenan de aficionados (y/o siguemodas sin criterio, que también los hay) ávidos de disfrutar de tan amplia oferta cervecera de barril en un mismo local, aunque el precio sea un poco más alto que en otros establecimientos similares con una oferta más modesta.

Y la fragmentación vuelve a aglutinarse en una polarización del mercado, que en esta ocasión se vuelca sobre estos establecimientos y el producto que sirven.

Y claro, el comerciante que va a remolque de su clientela, que ya reconvirtió su tienda en cervecería, se ve más o menos obligado a ofrecer las mismas marcas que en estos grandes locales dedicados al onanismo cervecero. Para intentar recuperar a sus clientes, pretende ofrecerle los mismos productos a un mejor precio. Y la oferta sigue disminuyendo.

Otro palo al pequeño elaborador que no ha podido introducir sus productos en una de estas ruedas dentadas que suponen el mecanismo de la distribución mayorista.

Y así, la moda de la cerveza artesana está pasando factura a un sector que no acaba de consolidarse, al menos en Barcelona, dando palos a quien menos se los merece; el pequeño comerciante, que ve como sus esfuerzos por mantener un modelo de negocio se van a la mierda, y el cervecero local a pequeña escala, que aunque elaboree cervezas espectaculares a precios muy comedidos, ve como sus posibilidades de penetración en el mercado se diluyen frente a las marcas capaces de refrendar su distribución con agresivas campañas de marketing. Porque seamos justos; no TODA la culpa va a recaer sobre los distribuidores, ¿verdad? Si las marcas no cooperan, el distribuidor poco margen de maniobra tiene... Por regla general. Oh, puede que mis palabras os parezcan demasiado pesimistas, pero parafraseando a Roy Batty, Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais...


¿Y en mi ciudad, qué?


En mi ciudad, Sant Boi de Llobregat, o incluso en todo el área de influencia de L'Art en Birra, que sería el Baix Llobregat, la realidad es bien distinta.

Tiendas especializadas hay pocas, aunque como ya comentaba, cada vez hay más tiendas que ofrecen una limitada oferta en cervezas artesanas entre sus oferta habitual. Por no hablar de las grandes superficies y su oferta a precios de suicidio. Cervecerías hay más, aunque todavía no se puede decir que hayamos llegado hasta el punto en que la competencia desleal, la descalificación de la competencia y los puñales ensangrentados, sean un arma necesaria para mantenerte a flote.

Podríamos decir que, en mi ciudad, en mi zona de influencia, todavía estamos en ese punto en que los esfuerzos individuales suman, y la oferta se complementa. En ese punto en el que envías clientes de un establecimiento a otro por el puro sentimiento de compañerismo y proselitismo, a buscar un producto que no tienes en stock o que no trabajas, pero sabes que el cliente agradecido va a encontrar y va a volver a tu establecimiento gracias al trato ofrecido. Y es un sentimiento recíproco, porque sabes que desde el otro establecimiento van a hacer lo mismo por tí dada la ocasión.

Porque en nuestra zona de influencia somos cuatro y el cabo. Y si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quién lo va a hacer?

Por cierto... ¿Qué será ese picorcillo que siento entre las paletillas..?

Salus et Birras...

By Mikel...

viernes, 24 de abril de 2015

¿La crisis del lúpulo?: El precio de las modas

Últimamente hemos podido asistir a una explosión creativa en el mundo de la cerveza artesana, centrada en su mayor parte en el uso de lúpulos muy aromáticos, de marcado carácter afrutado, hasta el punto que en las estanterías de muchas tiendas se agolpan IPAs y APAs en las que predominan tres o cuatro variedades de esos preciados conos verdes... No voy a decirlos en voz alta, pero muchos tendréis en mente los nombres de estos Cuatro Jinetes del Lupulocalípsis...

Esta moda, como yo la llamo, ha llegado hasta el punto de que estas variedades de lúpulo se hayan convertido en productos codiciados y ansiados, de forma que la demanda parece haber superado en mucho a la oferta, con los problemas que eso conlleva: falta de stocks por un lado, y un importante encarecimiento de los que hay disponibles. Y esto no solo afecta al sector de la elaboración comercial, encareciendo sus costes, sino que también toca de refilón al elaborador casero, que ve como la misma variedad de lúpulo se encarece y se vuelve más difícil de encontrar en el mercado.

¿Y quién tiene la culpa? Nadie en realidad... Ni siquiera el propio productor del lúpulo.

Nadie tiene en realidad la culpa, ya que es muy comprensible que, si un estilo de cerveza elaborada con unas variedades de lúpulo concretas funciona y se vende bien, otros fabricantes quieran aprovechar el tirón y elaborar cervezas que también se vendan bien. Porque en realidad todos sabemos que de lo que se trata es de vender... ¿No?

Pues bueno, eso deja en manos del productor del lúpulo el testigo en relación a los problemas que hay con los lúpulos de moda. La producción no da para atender toda la demanda. Y se incrementan los precios. Y escasea el lúpulo.

Pero, ¿no podrían los productores prever este incremento en la demanda?

Pues sí, y no.

El lúpulo es una planta que se propaga de forma asexual por esquejes o rizomas. Se puede plantar más lúpulo de una variedad concreta de un año para el siguiente en función de las ventas y hacer una previsión de cara al año siguiente... Solo que no es tan sencillo.

Los rizomas se plantan en primavera, evidentemente, y se cosechan a principios de otoño... Es decir, que a lo largo del año se está vendiendo el lúpulo producido el año anterior. Y las ventas de este año no pueden afectar a la producción del año próximo, porque ya está plantada.

¿Se empieza a ver el problema?

Porque en función a las ventas del año pasado, podemos planificar qué plantar de cara a dos cosechas vista... Pero peor todavía: el lúpulo solo alcanza su máxima capacidad de productividad al segundo año de ser plantado... Es decir, que el productor ha de calcular la producción que tendrá que hacer de aquí a tres cosechas en función a las ventas de la producción de hace dos años...

¿Todavía no nos hemos perdido?

Bueno, pues a eso añadámosle el que algunas variedades de lúpulo están patentadas. Es decir, que solo puede producirlas la empresa que ha creado el híbrido en cuestión (y aquellos autorizados por la misma empresa). Y la capacidad productiva de estas empresas está limitada por el espacio cultivable del que disponen. Y no producen una sola variedad de lúpulo.

En fin, que si sois cerveceros caseros ahora ya podéis empezar a entender por qué de vez en cuando hay determinadas variedades de lúpulo que cuestan más obtener y son más caras de lo que eran la última vez que las comprasteis. Y si solo sois consumidores de cerveza artesana, tal vez os sirva para comprender por qué determinada variedad de cerveza de determinada marca está agotada y va a tardar más de la habitual en volver a estar disponible (a menos que el fabricante decida cambiar la receta y mantener el nombre de la cerveza... algo que el tiempo nos dirá si al final era tan buena idea como parecía al principio).

Salus et Birras...

By Mikel...

sábado, 18 de abril de 2015

#La Ronda 32: Pale Lager, ¿Estilo Maldito?

Una vez más participamos de La Ronda, en esta ocasión pagada por Rul, del blog Tortubeer, y que versa sobre las cervezas lager en general, y las más claras en particular.


La mala prensa


Empecemos indicando que la división de las cervezas por el tipo de fermentación entre ale y lager obedece a razones muy diversas, siendo la principal el tipo de levadura que utilizan. Casualmente las cervezas fermentadas con levaduras lager, de baja fermentación, de fermentación fría o cualquier otra etiqueta similar, son las que se han popularizado entre el mercado de las cervezas de procesado industrial en gran parte de Europa (excepto en ese pequeño reducto insular que es el Reino Unido).

Tradicionalmente se trataba de cervezas fermentadas a temperaturas más bajas y con un plazo de fermentación más largo, que necesitaba a su vez de un largo periodo de maduración para acabar de afinar sabores y aromas. Son cervezas que se caracterizan por unos aromas muy sutiles debido al uso de lúpulos nobles centroeuropeos, una amargor moderada, suelen ser generalmente suaves en cuanto a cuerpo y graduación alcohólica, y en ocasiones disfrutan de una mayor efervescencia que las ales.

Si os fijáis, las características de estos estilos las hacen ideales para elaborar a gran escala en una planta de proceso industrial. ¿Por qué? Pues porque el bajo nivel de amargor y aroma permite reducir el aporte de lúpulos, y la ligereza de su cuerpo permite utilizar adjuntos como el maíz o el arroz para abaratar el macerado. En definitiva, porque resultan más baratas de elaborar a gran escala que las ales. Y eso, en un país con poca tradición cervecera, suponía la posibilidad de crear el modelo de negocio desde la base, creando el producto y asociándolo a un tipo de consumo social muy concreto.

Por eso se establecieron inicialmente estilos de cerveza muy suaves, refrescantes y fáciles de beber, ideales para la consumir bajo la canícula estival.

A día de hoy, las cervezas elaboradas por procesado industrial en España son casi en su totalidad fermentadas al estilo lager, aunque sus procesos de fermentación y maduración son acelerados de forma artificial. Y hasta no hace mucho tiempo, la disfrutábamos sin problemas. Parte de la culpa de la mala prensa que tienen entre sus detractores se originan precisamente en los subproductos derivados de esta manipulación consciente de los procesos naturales para rentabilizar la producción.

Pero claro, empezaron a llegar las cervezas de importación. Se trataba de cervezas de estilos distintos a lo que estábamos acostumbrados, claro (¡cervezas alemanas que sabían diferentes!, ¡cervezas elaboradas con trigo!, ¡cervezas de abadía belgas!, ¡cervezas inglesas súper amargas!, ¡cervezas negras, cremosas y con un toque tostado delicioso!)... Y empezamos a comparar... Y en ocasiones, nuestras cervezas de toda la vida salían perdiendo. Por eso empezamos a buscar cosas distintas, como la doble malta de los cojones...

Y de pronto , como si no quiere la cosa, algunos nos empezamos a interesar en la elaboración de cerveza en casa (mucho, mucho antes de que Internet pusiese toda la información del mundo mundial a nuestro alcance con un solo clic de ratón). De ahí a empezar a elaborar... Bueno, digamos que los principios no fueron fáciles, ya que ni contábamos con toda la información ni con los medios que tenían nuestros correligionarios ingleses o estadounidenses.

Pero una cosa nos quedó muy clara: Aunque era fácil hacer cerveza, no era tan fácil hacer cerveza como la de las grandes fábricas...


Convertir un problema técnico en una excusa... Y hacer bandera de ella


El principal problema a la hora de elaborar cerveza de baja fermentación, no solo estribaba en que las cepas de levadura lager eran bastante difíciles de conseguir en un mercado ampliamente dominado por los estilos ingleses y americanos de elaboración. Las maltas necesitaban de complicados procesos de macerado por pasos a diferentes temperaturas controladas, durante periodos de tiempos concretos y muy precisos (recordad que estamos hablando del Pleistoceno Cervecero; a día de hoy todo es más fácil y la información más amplia). Y además, también había problemas para mantener las bajas temperaturas de fermentación y madurado, sobre todo porque había que hacerlo durante los largos periodos que necesitan estas levaduras para conseguir el limpio aspecto, aroma y sabor típico de este tipo de estilos. Y oye, si después de todo la cerveza de alta fermentación estaba muy buena, y con los lúpulos que llegaban se podían hacer cosas muy, muy cachondas...

Y sobre todo, tenías la cerveza lista en menos de la mitad del tiempo necesario para hacer una lager.

Con el tiempo, más del 90% de la cerveza que se elaboraba de forma artesanal en España era de fermentación ale. Y de elaborar en casa pasamos a la venta de pequeños lotes entre amigos familiares y allegados, al nacimiento de las primeras cerveceras artesanas, y el panorama siguió exactamente igual.

Las cervezas ale permitían una mayor creatividad, eran más fáciles de elaborar, y se diferenciaban de forma muy notoria de la cerveza elaborada por procesado industrial en sabor, cuerpo y aroma. Y pronto se empezó a considerar que la cerveza lager era peor que la ale. Y las cervezas de estilos pálidos, las más claras, aquellas pertenecientes a un estilo en concreto que se caracteriza por su suavidad y sutileza de sabores y aromas, empezaron a estar mal vistas entre el fandom (sí, he dicho fandom, ¿vale, fanboy?) de las cervezas artesanas.

Y aunque algunos cerveceros artesanos disponían en sus catálogos de excepcionales cervezas lager pálidas, y siguen disponiendo de ellas, muchos fanboys y fangirls hacen gala de un esnobismo desmedido mientras las desprecian al más puro estilo hater, bajo la premisa de que no saben ni huelen a nada, o peor aún, me recuerda a una [inserte su marca más odiada aquí].

Perdónales Byggvir, porque no tienen ni puta idea...

¡Se supone que deben ser precisamente así..!

Bueno, no exactamente.

Pero sí deben ser cervezas ligeras, fáciles de beber, suaves, poco aromatizadas, poco amargas, con la maltosidad justa y una salida más bien tirando a seca y poco empalagosa.

Son estilos (ya que no es solo uno) que pueden gustar o no. Pero desde luego no se merecen el mal trato que reciben por parte de un segmento bastante amplio de los aficionados a las cervezas artesanas de nuestro país (en otros, como los Estados Unidos, esto no pasa, coexistiendo sin problemas lagers y ales en el mercado de las craftbeers), equiparándolas sin piedad ni descanso a productos de elaboración masiva y procesado industrial, con los que lo único que tienen en común es el nombre del estilo bajo el que se supone que están elaboradas.


La actualidad de las lagers pálidas


Es un hecho que mucha gente no disfruta de las cervezas artesanas si estas no tienen cantidades ingentes de lúpulo. La gente busca cervezas con cuerpo, con sabor, con aroma, con amargor... Y eso es bueno. Pero no quita que una cerveza lager pueda reunir algunas de estas características.

A día de hoy se elaboran muy buenas lagers en España a nivel artesanal, y lamentablemente hay mucho aficionado que no está dispuesto a darles la menor oportunidad por culpa de esos prejuicios tan molestos que han desarrollado hacia todo lo que no sea una ale supermegahyperchachilupulizada de la muerte.

Y oye, que no son solo las lager pálidas las damnificadas... Muchas rubias de estilo belga se ven arrastradas por esa vorágine del no saben ni huelen a nada y me recuerda a una [inserte su marca más odiada aquí], dado que son la equivalencia en fermentación ale de las lagers pálidas, aunque sin el factor peyorativo que supone el compararlas con las cervezas de procesado industrial.

Y sin embargo el mercado parece estar preparado para un resurgimiento de este estilo de fermentación, y para muestra, un botón de nombre maorí:

Aotearoa.

Se trata de una cerveza artesanal, elaborada por la navarra Naparbier. Una cerveza lager lupulizada, espectacular, y que demuestra que se pueden hacer cosas muy atractivas con levaduras de baja fermentación y saltándose un poco a la torera las tradiciones impuestas por la Ley de Pureza de 1516 utilizando lúpulos de Nueva Zelanda con deliberada generosidad y buen tino.

Vale, de acuerdo, Aotearoa es la excepción, y no la norma.

Por ahora.

O puede que no.

Porque el problema de la elaboración lager sigue estando ahí. La necesidad de utilizar infraestructuras especiales para mantener bajas la temperatura en el macerador y el tanque de maduración, con el agravante del periodo de ocupación necesaria de las mismas, que reduce de forma drástica el volumen productivo de las instalaciones.

Es decir, que volvemos al principio en el tan habitual movimiento circular de estos temas:

  • La dificultad de elaboración limita la oferta.
  • La limitada oferta reduce la capacidad de penetración del producto entre el público.
  • La falta de penetración limita la apreciación y la demanda del producto.
  • La falta de demanda limita la capacidad de crecimiento del fabricante.
  • Y volvemos al primer punto.

A sí que, a fin de cuentas, no, no considero que las cervezas claras de baja fermentación pertenezcan a un estilo maldito.

Maltratado por la opinión pública y el fandom, sí.

Maldito, no.

Salus et Birras...

By Mikel...

miércoles, 8 de abril de 2015

L'Art en Birra: Un año de Cerveza Artesana

El pasado domingo cumplimos un añito de vida ya como empresa.

No hubo celebración ninguna, porque era domingo y teníamos cerrado, y el lunes fue festivo aquí en Barcelona. Y dos días después, pues como que no apetecía, la verdad. Y total, solo hace un año que subimos por primera vez la persiana.

Un año, a lo largo del que hemos sufrido, nos hemos esforzado, y hemos batallado en mil frentes distintos.

Un año durante el que hemos crecido como personas y como empresa.

Y lo que nos queda.

Empezamos este proyecto con mucha ilusión y mucha pasión. La pasión sigue. Y la ilusión. Por mucho que esta última se haya ido erosionando y quedando por el camino. Porque teníamos mucha, mucha ilusión. Y pese a las incontables trabas que nos hemos encontrado a lo largo de este año de singladura, de las que no nos apetece hablar todavía, aun nos queda una reserva importante.

Durante estos meses hemos aprendido mucho más de lo que creíamos saber sobre la cerveza. Y creíamos saber mucho. Y descubrimos que sabíamos mucho más de lo que creíamos. Hemos descubierto que este mundillo tan apasionante esconde un sinnúmero de trampas y precipicios, dispuestos a abrirse bajo los pies de los incautos que no miran por donde caminan. Hemos conocido a gente maravillosa, dispuesta a ayudar a los demás por la sencilla razón de compartir una pasión común. Y hemos descubierto animadversiones absurdas, rencillas enconadas y tensiones irresolutas, que amenazan con convertir lo que no deja de ser un plácido sector empresarial, en una guerra fratricida entre gente que, en el fondo, desea lo mismo y por las mismas razones.

Aun tenemos camino a recorrer. Pasos a dar para mejorar el servicio que ofrecemos a nuestros clientes. Pasos para optimizar aún más nuestro modelo de negocio y empezar a sacar algo de beneficio del mismo. Pasos para asegurarnos de que L'Art en Birra sea lo que soñamos un día que sería:

La tienda de referencia en cerveza artesana y elaboración casera de cerveza de todo el Baix Llobregat.

Quiero aprovechar para dar las gracias a todos aquellos que nos han apoyado en este primer año de vida:

A los familiares y amigos que siempre han estado ahí, dando su apoyo incondicional en todo momento. A los nuevos amigos que hemos hecho a lo largo de este viaje; los amigos que se han convertido en clientes, los clientes que se han convertido en amigos, los amigos que seguís este blog y nos leéis en Facebook y Twitter, y a todos aquellos que hacéis que cada mañana me levante con ganas de subir la persiana.

El pasado domingo cumplimos un añito de vida ya como empresa.

Y no, no lo celebramos.

Tal vez el año que viene.

Somos L'Art en Birra. Y si te gusta la cerveza, seguro que encuentras algo de tu agrado en nuestra tienda.

¿En qué podemos ayudarte?

Salus et Birras...

By Mikel...

sábado, 28 de marzo de 2015

After BBF 2015: Reflexiones sin resaca

Hace apenas dos semanas se celebró la tercera edición del Barcelona Beer Festival en las dependencias del Museu Maritim de Barcelona. Evidentemente asistimos, aunque los sentimientos que nos despertó fueron... Pensaba usar la palabra confusos, pero prefiero calificarlos como contradictorios.


Una gran idea de base


La idea tras el BBF es muy, muy buena: Una feria dedicada a la cerveza artesana distinta, muy orientada hacia la experimentación y que pretende dar la oportunidad a los asistentes de probar una gran variedad de cervezas; más de trescientas en esta ocasión.

También ofrece una variedad de actividades paralelas, como mesas redondas, charlas y unas jornadas de encuentro entre profesionales...

Además de todo esto, se celebra en un marco difícil de comparar: una de las salas del Museu Maritim de Barcelona.

Vale, pues la idea es buena, pero su funcionamiento tan solo pasable. Y eso siendo generoso.

Un escenario espectacular para un evento muy especial


Problemas organizativos


La idea de ofrecer trescientas birras distintas en una rotación constante de barriles es interesante, sobre todo si entre las que están pinchadas cuando vas hay alguna que quieras catar...

El problema es que no tienes ni puta idea (perdón por mi castellano; estudié en un colegio público) de cuando van a pinchar cada barril (con excepción de los que estén fijos o los que pinchen en la zona Meet the Brewer). Y joder, no te vas a pasar tres días allí metido, levantándote birra tras birra para pasar el rato hasta que llegue la que tú querías probar, ¿no?

Por no hablar del criterio que se sigue a la hora de seleccionar qué se pincha donde y cuando... Vamos, que para saber qué estilo se dispensa en cada tirador tienes que tirar de la guía y de la pizarra todo el rato... Y eso es otro tema; la pizarra y su mantenimiento actualizado.

Vale, el tema de la pizarrita y la campana están bien para que sepas cuando se pincha cada cosa... Pero solo si se mantienen, por un lado la frecuencia de actualización, y por otro el tiempo que se está señalando la nueva cerveza... Porque como toquen cambiar cuatro o cinco barriles a la vez, puede que te pierdas alguno de los cambios, o sencillamente, una vez se ha actualizado el listado, que no coincida lo escrito con lo que sirven en el tirador (algunos clientes me han comentado que pasó en alguna ocasión; aunque yo no lo experimenté).

Y otro tema a debate sería el programar las jornadas profesionales el viernes...

¿En serio tengo que elegir entre cerrar la tienda el viernes para acudir a las jornadas o saltármelas y abrir con normalidad? Porque no jodamos, si he de elegir, mi clientela pasa por delante de cualquier feria, simposio o movida similar. Que al fin y al cabo ellos son los que me darán de comer.

La famosa línea de tiradores

Renovarse o morir


Desde el pasado día 16, la resaca, por así llamarla, del evento, varios clientes me han hablado de sus experiencias en el BBF, y por eso he decidido esperar una semana más antes de poner en claro y por escrito mi opinión al respecto.

Y mi opinión es la de que aunque es un modelo de feria novedoso y muy prometedor, necesita de una profunda revisión si pretende mejorar y cumplir mejor las expectativas de los asistentes. O eso o morir de éxito (generar una expectativas de afluencia de público tan altas que el día que no se cumplan por culpa del desencanto o desinterés del público, las pérdidas económicas la hagan desaparecer).

Por un lado me pregunto si de verdad es necesario presentar más de trescientas cervezas, y si no bastarían con las sesenta y tantas que cabrían en los tiradores funcionando de forma simultánea. Dado el sistema que utiliza la feria para financiarse y financiar la adquisición de la cerveza que se presenta (que no voy a explicar, ya que no me corresponde a mi hacerlo público), es evidente que no se podría ofrecer una feria de tres días en la que se consumieran más de seiscientos barriles de cerveza. No insistiré pues en revisar este punto.

Sin embargo, creo que se podría racionalizar la distribución de los barriles de forma que se pudiese saber qué encontrar en cada momento en cada tirador, y en mayor o menor medida, qué se va a pinchar y cuando.

Podemos empezar dividiendo parte de los tiradores por estilos, seleccionando algunos donde se pincharían solo barriles de ese estilo en concreto. De esa forma no hace falta recorrerse toda la fila si buscas una IPA, una Stout o una belga de fermentación espontánea (por poner un ejemplo), ya que se servirían en unas zonas concretas de la línea de tiradores.

Podemos continuar programando cuando se van a cambiar los barriles, dejando un espacio de tiempo al final de la jornada para apurar los barriles que hayan quedado a medias antes del cambio (las últimas dos horas, por ejemplo). De esta forma la gente sabría cuando se van a pinchar sus cervezas favoritas con un cierto margen de seguridad, y podría racionalizar el consumo, sin que se desperdiciase nada (es decir, de once de la mañana a ocho de la tarde funcionamiento organizado, y de ocho a diez de la noche, exactamente igual que ha funcionado estos tres años anteriores). Estoy seguro de que la experiencia de las ediciones anteriores serviría para hacer esta programación a grosso modo. Vale, puede pensar alguien, eso no interesa porque entonces la gente beberá menos.

¿En serio hay quie se lo cree? Venga ya, hombre... Los asistentes vamos con un presupuesto y cuando llegamos a casa nos damos cuenta que nos hemos gastado el doble o el triple de lo que pretendíamos gastar... ¿De verdad alguien puede pensar que no se va a producir consumo por impulso?

Un aspecto que también necesita de revisión es la división del espacio. Colas que se mezclan con las mesas. Transeúntes que atraviesan las colas ya que no tienen otro sitio por donde pasar. Zonas húmedas en el otra punta de la sala, de forma que para enjuagar el vaso has de atravesar toda la nave y volver a las colas para volverlo a llenar. Expositores ubicados frente a la zona de espera de la pizarra.

En fin. Un caos que puede resultar divertido durante un ratito, pero que al final acaba cansando y agobiando al personal.

Otro cambio que yo haría es el tema de las jornadas profesionales; yo las trasladaría al domingo, de forma que aquellos que no podemos cerrar alegremente nuestro negocio dedicado a la cerveza artesana podamos también participar. Que vale, que es el día de más afluencia de público, pero este año no había ninguna actividad programada antes de las tres de la tarde. En cuatro horas se pueden hacer muchas cosas, ¿no os parece?

Sí, cariño, ya se que te dije que esta era la última y cuando me la acabase nos íbamos... Pero es que está tan rica...


Que nadie se lleve a engaño


Sobre todo que nadie piense que volvimos cabreados y desilusionados de esta edición del Barcelona Beer Festival.

No fue así.

Ni de lejos.

Sin embargo, como ya he explicado más arriba, he compulsado la opinión de varios de mis clientes, que asistieron al evento, y he hilvanado sus impresiones y las mías para formar este tapiz donde pueda parecer que tienen mayor peso las opiniones negativas que las positivas.

Pero nos divertimos. Catamos buenas cervezas y muy buenas cervezas. Tuvimos suerte (o buen criterio) y no pillamos ningún limón. Probamos la comida de algunos de los puestos (poca variedad, pero bastante calidad). Coincidimos con amigos y camaradas. Hicimos contactos comerciales. Anotamos nuevos productos que desconocíamos y que esperamos implantar en la tienda en un futuro. Y nos fuimos a casa cansados, satisfechos y algo más que contentos (tirando de transporte público, por supuesto: locos sí, pero no irresponsables, ¿vale?).

En fin, que lo pasamos en grande.

Pero lo podríamos haber pasado mejor. Y si alguno de los puntos que menciono se pudiese corregir en el futuro, sin duda lo pasaremos mejor.

Salus et Birras...

By Mikel...

jueves, 19 de marzo de 2015

#La Ronda 31: Elaboradores Nómadas, ¿sí o no?

Esta vez La Ronda viene con mala leche. A petición de Adrián Mateos, de Cerveza Rudimentaria, vamos a tratar el tema de aquellos elaboradores que no disponen de instalaciones propias, fabricando su cerveza en obradores alquilados o con la colaboración de sus propietarios.

En su momento ya abordé la evolución que afronta un cervecero desde que empieza a elaborar en un obrador ajeno hasta que monta el propio en esta entrada. Ahora vamos a analizar el fenómeno desde un punto de vista algo más amplio.


Nómada, Itinerante, Gypsy, Marquista


Todos estos nombres se utilizan para definir a aquel cervecero que comercializa una cerveza (o más) sin tener cervecera propia. Y sin embargo hemos de diferenciar entre ellos.

Gypsy, Nómada, Itinerante... Todos estos adjetivos se han utilizado habitualmente para definir a aquel cervecero que no dispone de unas instalaciones propias para elaborar sus recetas, y que tiene que encargar la elaboración de su cerveza a unas instalaciones externas. Puede ser porque se trate de un elaborador que está empezando y no se atreva a dar el paso económico que supone montar las instalaciones hasta que no se asegure de que la aventura merece la pena y su cerveza tiene la aceptación del público. Puede ser que sencillamente no quiera atarse a unas instalaciones y guste de hacer colaboraciones con distintos fabricantes. O puede que, como cierto famoso cervecero dice, lo que le gusta es diseñar las recetas, y deja que quienes disfrutan más fabricándolas las elaboren.

A día de hoy no es un estigma social en lo que al mundillo cervecero se refiere, y es una práctica que se encuentra ampliamente extendida y aprobada.

Por otro lado, el Marquista es aquel comercializador (nótese la diferenciación que hago entre elaborador y comercializador) que quiere vender una cerveza bajo su propia marca, y solicita a un elaborador con instalaciones propias que diseñe la receta (o elabore una propia) y la etiquete con su marca y nombre comercial para poder venderla. Curiosamente, esta práctica no goza de tanta aceptación social como la primera (cuando en ocasiones la relación entre quien hace el encargo y el producto final sea exactamente la misma: te encargo el producto y tú me lo das acabado, sin que yo me involucre lo más mínimo en el proceso).

A mí al menos me choca esta dicotomía en lo que a la apreciación pública de ambos tipos de elaboradores nómadas se refiere; para mí merecen el mismo respeto el diseñador de recetas danés que envía sus fórmulas magistrales por e-mail a una fábrica en Johannesburgo y recibe su cerveza acabada lista para etiquetar y vender con su propia marca como el comercializador español que embotella elaboraciones belgas elaboradas bajo pedido y las trae a España etiquetándolas con su marca.

En ambos casos se les supone que hacen controles de calidad para asegurarse que el producto final tiene las cualidades organolépticas que quieren que tengan, y que la cerveza está lista para su consumo y cumple con los estándares de calidad que esperan obtener... La única diferencia es que uno de ellos diseña la receta, y el otro se limita a indicar qué espera obtener de la cerveza, y es el dueño del equipo quien decide como llega hasta ese resultado. Algo que por otro lado también hace, ya que en función a la calidad del agua, la eficiencia de las instalaciones y el rendimiento de las maltas y lúpulos que utilice van a obligarle a adaptar la receta original para cumplir con las especificaciones solicitadas en la receta que ha recibido de M... Del elaborador que no puede presentarse en la fábrica porque vive en otro país y dedica toda su pasión a diseñar recetas, quería decir...

Pero vamos, que solo era un apunte a nivel personal sobre el tema. Ahora volvemos sobre el asunto principal de La Ronda...


Las ventajas de una elaboración nómada


Evidentemente, la primera de las ventajas es el no disponer de unas instalaciones fijas, con la inversión económica en equipos y permisos que eso supone. De entrada sirve para abaratar la elaboración, algo muy importante entre los cerveceros que empiezan y no saben cómo va a funcionar su receta en el proceloso mar de la birra artesana.

Otra ventaja, sin duda, es el aprovechar la experiencia del elaborador propietario de los equipos, que sin duda ha recorrido un largo camino que muchas veces el cervecero novel no tiene ni idea de por dónde empezar a recorrerlo.

Para cerveceros consagrados, más dados a la colaboración que a la elaboración nómada en realidad, les permite aprovechar el prestigio de la marca elaboradora como vara de medir a la hora de apostar por un producto de calidad contrastable, sin necesidad de asumir la totalidad del coste de la elaboración y participando de forma proactiva en el afinado de la receta.

En ocasiones, lo que busca el cervecero nómada es aprovechar alguna peculiaridad intrínseca de las elaboraciones del cervecero anfitrión, ya sea por su capacidad productiva (tiradas mayores o menores de las que su equipamiento, de tenerlo, le permitiría), o por las cualidades de las materias primas utilizadas (el agua utilizada, que puede tener algunas cualidades que la diferencien y potencien el carácter buscado en la receta, alguna malta o lúpulo autóctonos y de difícil comercialización o conservación, algún adjunto exótico como una hierba local, alguna fruta con Denominación de Origen Protegida, barricas utilizadas para envejecer o madurar algún tipo de alcohol autóctono) que le permitirán dar un toque especial y único a su elaboración que la harán distinta del resto de su catálogo.


Las desventajas de la elaboración nómada


Todo lo que hemos comentado como ventaja se puede considerar una desventaja también:

No disponer de unas instalaciones fijas, aunque permiten abaratar la inversión inicial, nos limita a la hora de elaborar la cerveza, ya que necesitamos ceñirnos a la agenda de disponibilidad del elaborador anfitrión, no al ritmo de las ventas que tengamos.

Las limitaciones de la capacidad productiva de nuestro anfitrión nos va a limitar a la hora de poder comercializar el producto, de forma que si hemos elaborado demasiada y la aceptación no es la esperada vamos a perder mucho dinero, y si la aceptación es superior a la esperada vamos a encontrar un cuello de botella en la combinación de la capacidad productiva y la disponibilidad de las instalaciones. Esto puede suponer que agotemos el producto que hemos puesto en la calle antes de disponer de una nueva partida para distribuir, y eso puede ser muy malo, en un mercado que empieza a estar algo saturado a nivel de oferta local; si el comprador no puede comprar tu cerveza, por mucho que le haya gustado, se va a tirar a por otra de otra marca, que a lo mejor le acaba gustando más, o sencillamente, va a poder comprar más a menudo, y acabará dejando de lado tu cerveza una vez vuelva a estar disponible.

Si necesitamos cambiar de elaborador por cuestiones de capacidad productiva o disponibilidad de agenda, nos vamos a encontrar con el problema de la peculiaridad de las instalaciones que elijamos, incluido el de las materias primas utilizadas, que pueden afectar al carácter de la cerveza y hacer que las variaciones entre lotes acaben siendo demasiado evidentes y nuestra clientela acabe hartándose de las mismas, prescindiendo de ella en función de marcas y referencias más homogéneas.


Necesidad vs. Filosofía


Como hemos visto, hay elaboradores que optan por el nomadismo como recurso necesario mientras se consolidan en el mercado, siendo esta una fase intermedia entre la elaboración casera y la creación del obrador propio donde acabarán produciendo por fin sus recetas bajo sus propias necesidades y condiciones.

También hay quienes directamente no están interesados en la elaboración y sí en la comercialización, los llamados marquistas, que por un lado necesitan la capacidad productiva de las instalaciones y el talento de los maestros cerveceros de la fábrica para diseñar la receta que venderán.

Y los hay que lo hacen por filosofía nómada, buscando precisamente esa variabilidad que proporciona el elaborar cada receta con un fabricante distinto, creando productos diferentes y disponiendo de un catálogo siempre cambiante, en función de con quién deciden elaborar cada receta.

En el primer caso, el cervecero debe asumir que su control de calidad y sobre el proceso de elaboración ha de ser muy, muy estricto cada vez que necesite cambiar de instalaciones una receta, para asegurarse una variabilidad mínima entre lotes. Este elaborador va a tener que estar constantemente afinándola para compensar las diferencias entre lotes, hasta disponer de unas instalaciones propias que le permitan establecer un proceso estandarizado y fijo de elaboración para la misma.

En el segundo caso, el comercializador necesitará ejercer solo el control imprescindible para asegurar la homogeneidad entre lotes, ya que paga por un producto acabado, que el elaborador anfitrión ya sabrá como afinar para obtener resultados óptimos en cada elaboración.

En el tercer caso, el diseñador de la receta controla que el producto final cumple con sus expectativas, exactamente igual que el marquista, ejerciendo tan solo un control de calidad en busca de la homogeneidad entre lotes, ya que el fabricante anfitrión garantizará poner el mismo cuidado en la elaboración que en una de las suyas propias.

Como vemos se trata de tres formas de afrontar la creación de una buena cerveza que tienen muchos puntos en común unas con otras, y en mayor o menor medida, la diferencia más notable se encuentra en nuestra percepción y opinión personal de lo que debería ser el Espíritu del Cervecero Artesano.


Entonces, ¿Sí o No?


Mi opinión personal, que no deja de ser precisamente eso, mía y personal, es que sí, por supuesto: bienvenidos sean los Nómadas, Gypsies, Itinerantes y sí, también los Marquistas.

Bienvenidos sean porque, por un lado, ya dominan el mercado, entre unos y otros, y a día de hoy no vamos a echarlos para atrás sencillamente por no contar con instalaciones propias o de la práctica o el criterio para diseñar una receta (en el caso de los marquistas), pero por otro lado tienen toda la ilusión necesaria para poner a nuestro alcance aquellos sabores, aromas y matices que sus mentes truculentas consideran que pueden interesarnos y apasionarnos.

A efectos prácticos, me merecen el mismo respeto como cerveceros Mikkeller , As, HOPe, Mandril, Balladin, La Mola, To Øl, Menduiña, Anchor, Guineu, Vic, Nogne, Rogue, Domus, Sierra Nevada, Brasserie de la Senne o Naparbier (solo por mencionar a algunos de entre muchos, sin discriminar la forma en que elaboran sus cervezas), independientemente de si disponen de obrador propio, diseñan sus propias recetas o piden que las diseñen en función a los parámetros que establezcan.

Porque todos ellos me dan algo que me encanta:

Una cerveza cojonuda.

Y si la cerveza es buena y la disfrutamos, ¿qué importa el resto?

Salus et Birras...

By Mikel...