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viernes, 22 de agosto de 2014

Embotellando una elaboración todo grano a pequeña escala: Kitchen Beer Powered by +Malta (Segunda Parte)

Bueno, pues esta es la segunda parte del artículo dedicado a los kits de elaboración Kitchen Beer: La fermentación y el embotellado.

Mirándolo en perspectiva, creo que algo se me salió de madre durante la fermentación. Creo que me pasé preparando el estarter para una elaboración de tan solo 5 litros.

Por otro lado, la temperatura del fermentador se me escapó un poco del punto óptimo de la escala (culpa mía, por no tener en cuenta el incremento de temperatura producido por la actividad de la levadura; si ya decía yo que fermentar en pleno mes de agosto no era una buena idea), con lo cual no me extrañaría nada que la cerveza acabada tuviese algunos aromas y sabores inesperados y poco deseables.

En fin, no lloremos por la leche derramada y vamos al lío.


La fermentación resultó perfecta, aunque muy explosiva y muy, demasiado, rápida. En 18 horas la producción de anhídrido carbónico era muy intensa. En 27 horas había finalizado. Al medir la densidad, comprobé que había alcanzado el nivel que la receta indicaba para la cerveza acabada.

La gravedad final de 1.010 nos indica que ha finalizado la fermentación
Tras dejarla reposar durante 36 horas más, transferí el fermentador a una nevera durante cuatro o cinco horas (hasta los 16º C). Pasado ese plazo, la saqué y la dejé alcanzar de nuevo la temperatura ambiente mientras preparaba el almíbar para cebar las botellas (mezclé 25cl de agua con 20 gramos de dextrosa, lo hice hervir y lo dejé atemperar en un recipiente tapado) y sanitizaba el macerador preparándolo para el proceso de embotellado.

Hagamos una elipsis y nos saltamos el tiempo que estuvimos esperando a que todo alcanzase una temperatura homogénea, vaciamos el fermentador, sanitizamos el tubo de llenado y las botellas (y las chapas, cuidado), y en fin, hacemos todo eso que normalmente no se tiene en cuenta hasta el último momento.

Llegado el momento adecuado, echamos el almíbar en el macerador y transferimos, sin airearla demasiado, la cerveza desde el fermentador al macerador. El proceso de trasvase mezclará el almíbar con la cerveza sin tener que hacer nada más por nuestra parte.

Al trasvasar la cerveza veremos que en el fondo del fermentador queda un lodo compuesto por algo de cerveza, las células decantadas de la levadura y unos coágulos gelatinosos de proteínas precipitadas. Ahí se quedan, algo menos de medio litro en total.

Tras este proceso pasamos al embotellado propiamente dicho. Si tenemos cuidado apenas desperdiciaremos cerveza en este proceso. Eso sí, hay que tener mucho cuidado de no dejar más espacio en el cuello del que deja el volumen del tubo. Para eso, procuraremos que la cerveza apenas haga espuma, y controlaremos la presión sobre la válvula de llenado, liberándola en cuanto veamos que la cerveza llega al borde de la botella.

Aunque este proceso puede hacerlo una sola persona, es recomendable contar con al menos un ayudante para que este proceso sea más fluido y evitar errores por las prisas. El final llenamos y encapsulamos 13 botellas de 33 cl (4,29 litros), quedando algo más de un vaso en el fondo del macerador que no daba para llenar una botella. Así que aprovechamos para pegarle un trago, y la verdad es que salvo la temperatura y la carbonatación, el resultado final era bastante prometedor.


Completamente límpida y transparente, menos de una semana después de embotellar... ¿Le echamos un tiento o qué?

Lleva la cerveza embotellada menos de una semana a temperatura ambiente, y ha clarificado mucho. Hemos decidido meter una botella en la nevera y probarla. Y la verdad es que me ha sorprendido, ya que pese a una ya esperada carbonatación, digamos que justita, no se le aprecia ningún problema en el aroma o el sabor que no se le pueda achacar a la falta de maduración. Tengo la impresión de que en un par de semanas resultará una cerveza muy agradable de beber.

Sí, lo se: soy un agonías y no he podido esperar a que pasasen las tres semanas de acondicionamiento en botella. Pero la verdad es que la puñetera promete...

Recapitulando, el kit ha demostrado que resulta factible hacer cerveza a pequeña escala. Pero, y en esta reflexión aprovecho para agradecer a El Jardín del Lúpulo por hacerme la pregunta en la entrada anterior, ¿resulta económicamente rentable?

Bueno, si tenemos en cuenta el precio del kit, que incluye el instrumental, el equipo y la receta completa, cada botella de esta primera elaboración nos sale por un coste aproximado de 4,8 € (sin contar botellas, chapas, agua etc). Si para la segunda elaboración compramos un kit de la receta, el precio de cada botella baja hasta los 0,98 €. Cuando empecemos a elaborar a partir de recetas propias y compremos las materias primas a peso, se puede abaratar incluso más.

Salus et Birras...

By Mikel...

Un reconocimiento para Ricardo Pierres, ese par de manos extra que me ayudaron a encapsular y limpiar las botellas mientras yo las llenaba.